
Desde Venezuela, la mirada de Hernán Torre: “El agro venezolano es antifrágil y tiene un enorme potencial de crecimiento”
Del otro lado del mundo
Por Nicolás Martinazzo
Oriundo de General Baldissera y radicado desde hace 15 años en Venezuela, Hernán Torre vive y trabaja en el corazón productivo de ese país. Desde la ciudad de Acarigua, en el estado Portuguesa —zona núcleo agrícola—, comparte una radiografía del presente productivo venezolano, sus oportunidades y los contrastes con el modelo argentino.
Torre relató que, tras los últimos hechos políticos ocurridos días atrás, el clima social se mantuvo en calma: “El sábado y el domingo la gente se quedó en sus casas, esperando cómo iba a reaccionar el gobierno y las fuerzas de seguridad. Pero todo estuvo muy tranquilo. El lunes se reactivó la Asamblea Nacional, asumieron nuevas autoridades y rápidamente todo volvió a la normalidad: transporte, combustibles, trabajo. La gente está expectante, con la esperanza de un cambio que mejore la situación económica”.
Una región agrícola en expansión
Radicado en una zona tropical con abundante disponibilidad de agua, Torre destacó el potencial productivo del país:
“El arroz es hoy uno de los cultivos principales. Venezuela tiene muchos sistemas de riego, embalses y ríos, además de lluvias frecuentes. Hay buena semilla, maquinaria, gente preparada y ganas de trabajar. Es un sector que se está desarrollando muy bien”.
En segundo lugar, aparece la soja, un cultivo relativamente nuevo en expansión. Torre participó de un proyecto de intensificación de rotación arroz–soja junto a la Universidad Federal de Santa María y entidades locales:
“Descubrimos que la soja tiene un potencial ambiental similar al de Estados Unidos y Argentina, con rendimientos de hasta 5,8 toneladas. Hay un enorme espacio para invertir y crecer en Venezuela”.
Innovación y siembra directa
La crisis económica de 2018 llevó a los productores a adoptar prácticas más eficientes:
“La siembra directa entró casi por obligación, por una cuestión de costos. Dejar de rastrear cinco veces antes de sembrar permitió sostener la actividad. Hoy incluso trabajamos arroz en siembra directa, algo poco común, con apoyo del FLAR (Fondo Latinoamericano para Arroz de Riego) y de Aapresid, donde somos una regional”.
Diferencias con el modelo argentino
Al comparar ambos sistemas productivos, Torre marcó dos contrastes claros:
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En Argentina, gran parte de la superficie es alquilada; en Venezuela casi todas las tierras son propias.
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En Venezuela no existen prestadores de servicios agrícolas: cada productor tiene su propia maquinaria.
“Aquí incluso un productor de 100 hectáreas todavía puede tener su equipamiento. Pero a largo plazo eso va a cambiar: los pequeños tenderán a desaparecer y surgirán grupos más grandes”, señaló.
Si tuviera que definir al sector, Torre no duda:
“El agro venezolano es antifrágil: los productores aprendieron a trabajar en la incertidumbre y a fortalecerse en medio del caos. Hoy son expertos en manejar lo imprevisible”.
Con una mirada prudente pero optimista, Torre aseguró que el sector agropecuario venezolano ofrece oportunidades concretas:
“Hace 15 años que estamos acá y en los últimos tiempos no hubo grandes problemas en el agro. Es un sector pequeño y con mucho para crecer. Hay 24 millones de hectáreas agrícolas y otro tanto ganaderas para desarrollar. El riesgo climático es bajo y el potencial ambiental es muy alto. El inversor argentino puede venir, recorrer y evaluar. Hay incertidumbre política en el mediano plazo, pero cambiaron las expectativas: productores e inversores empiezan a mirar nuevamente a Venezuela”.
Antes de despedirse, envió un saludo especial a su comunidad de origen:
“Un abrazo grande para toda la gente de General Baldissera. Seguramente pronto nos volveremos a ver”.
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