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Cultivos de cobertura en soja: cómo reducir malezas y usar hasta un 56% menos de herbicidas

Ensayos del INTA Marcos Juárez demostraron que la avena, el centeno y otras especies pueden reducir la presión de yuyo colorado y rama negra.

Cultivos de cobertura en soja: cómo reducir malezas y usar hasta un 56% menos de herbicidas

Ensayos del INTA Marcos Juárez demostraron que la avena, el centeno y otras especies pueden reducir la presión de yuyo colorado y rama negra.

Los cultivos de cobertura ganan protagonismo como herramienta para mejorar el control de malezas en soja y reducir la dependencia de herbicidas. Investigaciones del INTA Marcos Juárez demostraron que la producción de biomasa, combinada con el manejo químico cuando resulta necesario, permite disminuir la presencia de especies problemáticas y sostener buenos niveles de rendimiento.

El trabajo se apoya en 15 años de investigaciones sobre control de malezas y cobra relevancia ante el avance de especies resistentes en los cultivos de verano.

Tomás Baigorria, profesional del INTA Marcos Juárez, explicó que el objetivo no es eliminar todas las malezas mediante una única herramienta, sino integrarlas dentro de una estrategia de manejo.

“Los cultivos de cobertura son una herramienta más dentro de un sistema. No buscamos controlar el 100% de las malezas, sino reducir su densidad, retrasar su emergencia y disminuir su crecimiento”, señaló.

Más biomasa, mayor supresión de malezas

Los ensayos evaluaron distintas especies y mezclas de cultivos de cobertura, su momento de terminación mediante rolado y el efecto adicional de los herbicidas preemergentes utilizados en soja.

Entre las alternativas analizadas se incluyeron mezclas de vicia villosa con centeno, además de avena, triticale, cebada y centeno. El equipo también comparó los resultados con parcelas de barbecho, con y sin control de malezas.

En la campaña 2024/25, todos los cultivos de cobertura evaluados superaron los 5.000 kilos de materia seca por hectárea y varios se acercaron o superaron los 10.000 kilos. La avena alcanzó el máximo, con 12.200 kilos de materia seca por hectárea.

La cantidad de residuos que queda sobre el suelo es uno de los factores determinantes para limitar la emergencia y el crecimiento de las malezas. Sin embargo, la respuesta depende de la especie utilizada, la biomasa producida y las malezas presentes en cada lote.

La presión registrada en las parcelas sin control mostró la magnitud del problema: se contabilizaron 6.760 kilos de materia seca por hectárea de yuyo colorado (Amaranthus) y 4.130 kilos de rama negra (Conyza). En esas condiciones, la soja rindió apenas 30 kilos por hectárea.

El aporte de los herbicidas y los rindes de soja

La investigación también permitió medir cuánto puede aportar el control químico cuando se combina con la cobertura vegetal.

En los tratamientos con centeno, por ejemplo, la biomasa de yuyo colorado pasó de 1.140 a apenas 50 kilos de materia seca por hectárea con la aplicación de herbicidas preemergentes, una reducción cercana al 96%.

En otros casos, la cobertura por sí sola mostró resultados destacados. En avena, incluso sin el agregado de preemergentes, la biomasa de malezas se redujo a 79 kilos de materia seca por hectárea.

El efecto también se reflejó en la cosecha. Con herbicidas preemergentes, la soja sembrada sobre centeno superó los 5.000 kilos por hectárea, el mayor rendimiento entre las coberturas evaluadas. La avena quedó cerca de ese nivel, mientras que varios tratamientos superaron los 4.000 kilos por hectárea.

“Los resultados muestran que los cultivos de cobertura no sustituyen a los herbicidas, sino que se complementan con ellos y permiten mejorar el control de malezas”, remarcó Baigorria.

Los resultados ubican entre 5.000 y 5.500 kilos de materia seca por hectárea un nivel a partir del cual comienza a observarse una supresión de malezas de interés. Por debajo de ese umbral, el efecto puede resultar insuficiente y, en determinadas situaciones, incluso desfavorable.

Hasta un 56% menos de herbicidas en el largo plazo

Uno de los datos más relevantes surgió de los experimentos de largo plazo realizados en Marcos Juárez. En una rotación de soja y maíz evaluada durante seis años, la incorporación de cultivos de cobertura permitió reducir un 56% el uso acumulado de principios activos de herbicidas.

Mientras que el sistema sin cobertura registró 31 kilos por hectárea acumulados, el planteo con cultivos de cobertura bajó a 13 kilos por hectárea.

La reducción muestra el potencial de esta estrategia cuando se sostiene en el tiempo. Además de limitar el crecimiento de las malezas, las coberturas pueden contribuir a disminuir el banco de semillas y aportar otros beneficios agronómicos, como una mayor protección contra la erosión, el aporte de carbono, el desarrollo de raíces y la permanencia de residuos sobre el suelo.

El agua y el momento de secado, claves para el manejo

La incorporación de cultivos de cobertura también exige planificar el consumo de agua y la fecha de terminación antes de implantar la soja o el maíz.

En los ensayos se observaron diferencias de entre 40 y 60 milímetros de agua respecto del barbecho al momento del secado. Las lluvias posteriores permitieron recuperar buena parte de esa brecha antes de la siembra del cultivo estival.

Por eso, la decisión debe considerar la biomasa alcanzada, la disponibilidad de agua en el perfil y las probabilidades de recarga. Una cobertura demasiado abundante puede incrementar el consumo hídrico y dificultar la implantación del cultivo siguiente.

“Tenemos que conocer qué podemos lograr en cada ambiente, cuáles son las dificultades y cuáles son las fortalezas de cada alternativa”, sostuvo el especialista.

Los resultados del INTA Marcos Juárez refuerzan la importancia de un manejo integrado: elegir la especie adecuada, producir la biomasa necesaria, definir el momento de secado y complementar con herbicidas cuando corresponda. Una estrategia que busca mejorar el control de malezas, cuidar los recursos del suelo y sostener la productividad de los sistemas agrícolas.

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