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De Camilo Aldao al consumidor: el emprendimiento familiar que apuesta por la alcaparra y la nuez pecán

Sur de Córdoba

De Camilo Aldao al consumidor: el emprendimiento familiar que apuesta por la alcaparra y la nuez pecán

Sur de Córdoba

Por Nicolás Martinazzo

La ingeniera agrónoma Carolina Torri y su marido pusieron en marcha en 2008 un proyecto para agregar valor a una pequeña superficie familiar del periurbano de Camilo Aldao. Con marca propia, elaboran productos a partir de dos cultivos poco convencionales para la región y buscan avanzar en la industrialización de toda su producción.

En el sudeste de Córdoba, diversificar la producción y agregar valor en origen también es una forma de construir nuevas oportunidades. Con esa idea, la ingeniera agrónoma Carolina Torri y su marido, también profesional del sector, iniciaron en 2008 un emprendimiento familiar en el periurbano de Camilo Aldao, con la apuesta por dos cultivos que se salen de lo tradicional en la zona: la alcaparra y la nuez pecán.

El objetivo fue transformar una pequeña superficie familiar en una unidad económica, desarrollar productos con marca propia y llegar directamente a los consumidores. Para eso, eligieron alternativas que, además de ofrecer posibilidades productivas, tienen una ventaja comercial: no son perecederas en el corto plazo, una característica importante para un emprendimiento ubicado a cierta distancia de los principales centros de consumo.

“Queríamos darle valor agregado a esta pequeña superficie familiar y transformarla en una unidad económica con productos que no son tan convencionales para la zona, pero con los que pudiéramos llegar al consumidor con marca propia”, explicó Torri.

Alcaparras: cosecha manual y transformación en origen

El cultivo de alcaparras ocupa actualmente una hectárea, donde inicialmente implantaron unas 2.000 plantas. Se trata de un arbusto perenne que crece a ras del suelo y cuya producción requiere un trabajo artesanal: los botones florales, que son la parte más conocida de la planta, se cosechan manualmente.

La recolección puede extenderse durante cuatro o cinco meses, según las condiciones de cada año. Con el aumento de las temperaturas en primavera, la planta comienza a brotar y desarrolla las ramas, las hojas y los botones florales que luego se recolectan.

Sin embargo, la tarea no termina en el campo. Una vez cosechadas, las alcaparras pasan por un proceso de fermentación de aproximadamente 60 días en las instalaciones que el emprendimiento tiene en el establecimiento. Después, se fraccionan, envasan y etiquetan para su comercialización.

“Se utiliza como un condimento para exaltar el sabor de las comidas. La cosecha es diaria y después se realiza el proceso de fermentación para que el producto sea apto para el consumo”, detalló la ingeniera.

La diversificación también llegó a otras partes de la planta. Cuando las flores se abren y son polinizadas por insectos, se desarrolla el alcaparrón, que también se aprovecha y se comercializa encurtido. Además, a partir de la demanda de chefs, comenzaron a trabajar con las hojas y avanzaron en su registro como alimento en el país, con el acompañamiento de la Secretaría de Alimentos de Córdoba.

De esta manera, el emprendimiento busca aprovechar distintas posibilidades de un mismo cultivo y ampliar su propuesta comercial.

Nuez pecán: dos hectáreas y el desafío de industrializar toda la producción

La otra apuesta productiva es la nuez pecán, implantada en dos hectáreas. Originaria de regiones de Estados Unidos y México, vinculadas a la cuenca del río Mississippi, esta especie se adapta a las condiciones climáticas de la región y presenta características diferentes de las nueces más conocidas en el sudeste cordobés.

Según explicó Torri, la pecán tiene un sabor más dulce y un mayor contenido de aceite. Si bien el consumo en Argentina todavía es reducido, su producción también encuentra oportunidades en los mercados externos.

Actualmente, el emprendimiento comercializa nueces con cáscara, peladas y garrapiñadas. Sin embargo, uno de los principales objetivos es avanzar en el procesamiento propio para incorporar más valor al producto antes de su venta.

“Lo que queremos es terminar de generar todo el proceso industrial del 100% de la producción. Hoy estamos industrializando nosotros alrededor del 30% y otra parte la comercializamos de manera conjunta a través de la Cámara de Productores de Pecán”, señaló.

La posibilidad de ampliar la industrialización aparece como un paso importante para fortalecer el proyecto y desarrollar nuevas presentaciones comerciales.

Un emprendimiento que convive con la actividad profesional

El crecimiento de la iniciativa familiar se sostuvo, además, con el desarrollo laboral de ambos integrantes. Torri se desempeña como docente en una tecnicatura y realiza asesoramiento agronómico, mientras que su marido trabaja en una empresa de semillas forrajeras.

La combinación de esas actividades con el emprendimiento permitió sostener una propuesta cuyos cultivos requieren tiempo para entrar en producción y consolidarse comercialmente.

En paralelo, la superficie destinada a las alcaparras todavía ofrece posibilidades de expansión mediante la incorporación de nuevos plantines en espacios disponibles, mientras que la nuez pecán plantea el desafío de profundizar el agregado de valor.

Para Torri, compartir la experiencia también forma parte del aprendizaje.

“Está bueno que se les pueda dar valor agregado a los productos que tenemos, desde el conocimiento, desde el hacer y desde intentar con cosas distintas. Este intercambio me permite conocer otras producciones y otras formas de trabajo, y siempre nos enriquecemos todos”, concluyó.

La experiencia de Camilo Aldao muestra cómo, a partir de una pequeña superficie familiar, la diversificación y la transformación de la producción pueden abrir caminos comerciales diferentes para el sector agropecuario regional.

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