
Fruticultura argentina: producir cuesta cada vez más y competir en el mundo es el gran desafío
Especialistas analizaron los principales desafíos de la fruticultura argentina y las perspectivas para 2027.
El encuentro reunió a más de 50 inscriptos de distintas provincias, entre ellos periodistas especializados, representantes de empresas, operadores de mercados, ingenieros, técnicos y docentes universitarios. La propuesta buscó acercar información específica y contactos del sector a los comunicadores agropecuarios.
La actividad contó con las exposiciones de Betina Ernst, Federico González Ocantos y Jorge Cervi, quienes abordaron la cadena desde diferentes perspectivas: el escenario internacional y logístico, la evolución de los precios mayoristas y la realidad productiva de las economías regionales.
Una actividad clave para las economías regionales
Durante su exposición, Betina Ernst destacó la importancia de la fruticultura para la economía argentina, por su presencia en numerosas provincias y su capacidad de generar empleo y arraigo territorial.
Como ejemplos, mencionó que en Mendoza la actividad representa cerca del 80% de los ingresos externos y en Tucumán alrededor del 60%. También repasó la diversidad productiva del país, desde los cítricos del litoral y el noreste hasta las peras y manzanas del Valle de Río Negro, las cerezas patagónicas y mendocinas y los arándanos de Entre Ríos y Tucumán.
Sin embargo, advirtió sobre el deterioro de la competitividad internacional. Entre los principales factores señaló la elevada presión impositiva, la infraestructura deficitaria y la falta de políticas de acompañamiento a lo largo de los últimos años.
En ese sentido, planteó la necesidad de que las provincias tengan un rol más activo, con reducción de impuestos locales, mejoras en las rutas y herramientas de financiamiento que permitan incorporar tecnología y enfrentar los efectos del cambio climático.
También puso el foco en los cambios de hábitos de consumo, especialmente entre las generaciones más jóvenes, que demandan una mayor diversidad de productos y nuevas presentaciones.
Precios, producción y dificultades comerciales
Por su parte, Federico González Ocantos presentó el funcionamiento del índice de precios mayoristas de Datos Alfa, que monitorea los principales productos frutihortícolas y su incidencia en el comportamiento de los precios al consumidor.
El especialista explicó que esta actividad tiene particularidades que la diferencian de otros sectores agropecuarios: productos perecederos, grandes distancias de traslado, diversidad de escalas productivas y falta de información oficial.
Al analizar casos concretos, describió la volatilidad comercial del tomate, condicionada por la estacionalidad, el clima y los tiempos logísticos. También hizo referencia a un 2025 muy complejo para la papa, con precios reales inferiores a los del año anterior y volúmenes importantes que debieron descartarse.
De acuerdo con las estimaciones presentadas durante la charla, el sector frutihortícola argentino comprende alrededor de 11 millones de toneladas de producción sobre unas 375.000 hectáreas, con un movimiento estimado de 8.500 millones de dólares en el comercio minorista interno.
De cara a 2027, advirtió que la rentabilidad seguirá condicionada por los costos de producción y logística, los acontecimientos climáticos y la falta de políticas públicas que acompañen el desarrollo de la actividad.
El desafío de recuperar los mercados internacionales
La mirada desde la cadena productiva estuvo a cargo de Jorge Cervi, quien profundizó sobre la situación de la producción de peras y manzanas en Río Negro y Neuquén.
Según los datos expuestos, ambas producciones abarcan entre 32.000 y 34.000 hectáreas, con un volumen cercano a 1,2 millones de toneladas. Argentina mantiene un lugar destacado a nivel mundial en la producción de peras de variedades europeas, aunque enfrenta una competencia internacional cada vez más exigente.
Cervi señaló que países como Chile, Perú y Polonia avanzaron con políticas de promoción e infraestructura que fortalecieron su posicionamiento comercial. En contrapartida, sostuvo que los elevados costos argentinos y las dificultades para sostener inversiones limitan las posibilidades de competir.
Uno de los puntos más críticos estuvo relacionado con la estructura de costos. De acuerdo con un informe de la Cámara Argentina de Fruticultores Integrados (CAFI) mencionado durante la exposición, la carga impositiva supera el 28% de los costos globales de la actividad.
A esto se suman los costos laborales, que representan cerca del 60% de los costos de campo, las exigencias energéticas de las cámaras frigoríficas y las distancias hasta los principales centros de consumo y puertos de exportación.
El especialista también puso en discusión los tiempos de inversión que demanda la actividad: establecer una hectárea de frutales requiere una inversión aproximada de 50.000 dólares, sin contemplar la malla antigranizo, mientras que una plantación de manzanas puede necesitar hasta ocho años para alcanzar una producción comercializable.
Información y competitividad, dos cuentas pendientes
Otro de los temas que atravesó el encuentro fue la falta de estadísticas oficiales para conocer con precisión el movimiento de los mercados frutihortícolas. Los expositores coincidieron en que la informalidad y la escasa inversión en sistemas de información dificultan los relevamientos y la toma de decisiones.
También se debatió sobre el consumo interno, la disparidad de precios entre las distintas regiones del país y las dificultades que generan las distancias y los costos de distribución.
La jornada permitió poner sobre la mesa una problemática que atraviesa a buena parte de las economías regionales: Argentina cuenta con diversidad productiva, capacidad de generar empleo y condiciones para abastecer mercados externos, pero necesita resolver cuestiones estructurales para recuperar competitividad.
Al cierre, Ana Laura Campetella, en representación del CIPAG, agradeció la participación de los especialistas y de los asistentes, y destacó la importancia de continuar generando espacios de capacitación e intercambio para fortalecer la comunicación agropecuaria.