
Leo De Benedictis: “Para Córdoba, el fenómeno de El Niño es un año para aprovechar”
INTA MANFREDI
Nota de Nicolás Martinazzo
El meteorólogo analizó las perspectivas climáticas para los próximos meses, explicó por qué las lluvias todavía no reflejan plenamente el impacto de El Niño y anticipó una mayor frecuencia de precipitaciones hacia noviembre y diciembre. Además, destacó las oportunidades que puede ofrecer este escenario para la producción agropecuaria.
El fenómeno de El Niño volvió a instalarse en el centro de las conversaciones del sector agropecuario. Sin embargo, hablar de su llegada no significa que todas las regiones vayan a recibir la misma cantidad de lluvias ni que sus consecuencias se manifiesten al mismo tiempo.
En diálogo con Martinazzo Comunicación, el meteorólogo Leo De Benedictis explicó que es necesario distinguir entre el fenómeno climático y sus efectos concretos sobre el territorio. Con esa mirada, analizó lo que dejó septiembre, las perspectivas para la primavera y el verano, y las oportunidades y riesgos que el escenario puede generar para el campo argentino.
El Niño: qué se espera para las lluvias de primavera
De Benedictis señaló que las consecuencias más visibles de El Niño en la región central del país comenzarían a manifestarse a partir de ahora, con mayor incidencia durante noviembre y diciembre.
“Hay que separar el evento de las consecuencias. Las consecuencias del evento de El Niño las vamos a empezar a ver a partir de ahora recién”, explicó.
El especialista indicó que algunas señales de mayor actividad de lluvias ya se observaron antes en sectores del noreste y en países vecinos, como el este de Paraguay y el sur de Brasil. En cambio, en la zona central del país, septiembre se caracterizó por condiciones secas.
En las últimas jornadas comenzaron a aparecer períodos más húmedos, con nubosidad persistente, lloviznas y precipitaciones de poca magnitud. Para De Benedictis, este escenario todavía no representa el impacto pleno del fenómeno, aunque sí marca un cambio en las condiciones atmosféricas.
“Estamos empezando a entrar en un ambiente un poco más húmedo, sin grandes niveles de lluvia, pero sí una mayor frecuencia”, sostuvo.
La atención estará puesta especialmente en los próximos dos meses, cuando se espera que la influencia de El Niño comience a sentirse con mayor claridad.
¿Por qué la primavera todavía se siente como invierno?
La persistencia de jornadas frías y cielos cubiertos también formó parte del análisis. Aunque octubre suele marcar un aumento más evidente de las temperaturas, este año la primavera comenzó con un ambiente que todavía obliga a mantener la campera a mano.
Según explicó el meteorólogo, la nubosidad persistente limita la llegada de radiación solar al suelo y dificulta el calentamiento tanto de la superficie como del aire.
“Se ha extendido el invierno. Tener tanta nubosidad no ha permitido que la radiación solar de esta época del año empiece a generar ese calentamiento en el suelo”, señaló.
Sin embargo, anticipó que esta situación comenzaría a cambiar durante la segunda quincena de octubre, con una alternancia más marcada entre jornadas nubladas y períodos de sol.
Ese cambio permitirá que las temperaturas máximas comiencen a recuperarse y que el ambiente se acerque progresivamente a las condiciones típicas de la primavera.
Un verano con menos extremos de temperatura
De cara al verano, De Benedictis planteó un escenario que podría resultar favorable en términos térmicos: una menor frecuencia de picos extremos de temperatura respecto de los últimos años.
Esto no significa que no habrá jornadas de calor intenso, sino que la presencia de mayor humedad podría moderar las variaciones térmicas.
“En general, lo que se espera para el verano y que yo creo que es un aspecto positivo es una menor frecuencia de picos extremos de temperatura”, afirmó.
El meteorólogo explicó que, en un contexto más húmedo, las temperaturas mínimas y máximas tienden a presentar una amplitud más acotada. Por eso, aunque el verano será caluroso en términos generales, podría tener menos episodios extremos que otras temporadas recientes.
El NEA, la región con mayor impacto potencial
Uno de los puntos centrales del análisis estuvo relacionado con las diferencias regionales. De Benedictis advirtió que El Niño no produce los mismos efectos en todo el país y que el noreste argentino (NEA) presenta una relación más marcada entre este fenómeno y los períodos húmedos.
Según detalló, en esa región cerca del 90% de los años con El Niño se asocian con condiciones húmedas. En la región central, en cambio, esa correlación es menor, aunque también existe una tendencia favorable a las precipitaciones.
“En la zona central no tiene esa misma correlación. Hay un cierto sesgo, pero va del 65 al 70% de los años Niño son húmedos, no todos”, explicó.
El especialista remarcó que estas relaciones estadísticas no constituyen una garantía de lo que sucederá en cada localidad. Por eso, la presencia de El Niño no debe interpretarse automáticamente como sinónimo de lluvias excesivas en todas las regiones.
En el NEA, además, existe otro factor que puede agravar las consecuencias de las precipitaciones: el comportamiento de los ríos y las lluvias que se producen aguas arriba.
Una localidad puede registrar pocos milímetros o incluso no tener precipitaciones y, aun así, sufrir inundaciones por la crecida de un río. Esa combinación entre lluvias locales y aportes de otras zonas puede generar mayores complicaciones, especialmente en áreas ribereñas y sectores bajos.
Para Córdoba, en cambio, De Benedictis consideró que el panorama ofrece una oportunidad productiva, sin desconocer que cada zona deberá seguir de cerca la evolución de las condiciones climáticas.
El Niño y el campo: una oportunidad para la producción
Desde la perspectiva agropecuaria, el meteorólogo destacó que los años asociados con El Niño suelen presentar condiciones más favorables para los rendimientos agrícolas que los períodos de La Niña, especialmente por una mayor disponibilidad de humedad.
“Si uno hace una correlación de rendimientos con año Niño, Niña y neutro, es notable cómo el año Niño le saca ventaja a la Niña”, sostuvo.
De Benedictis explicó que, si bien los resultados pueden variar según la región y la campaña, los años Niño suelen mostrar una relación positiva con la producción de Córdoba y del país en general.
No obstante, también advirtió sobre los riesgos que puede generar un exceso de precipitaciones en momentos clave del ciclo agrícola. Las lluvias tardías durante el otoño, por ejemplo, pueden complicar la cosecha, impedir el ingreso de las máquinas a los lotes y afectar la calidad de los granos.
Por eso, el desafío no pasa solamente por cuánto llueve, sino también por cuándo, dónde y con qué intensidad se producen las precipitaciones.
El balance que planteó el meteorólogo es que El Niño puede ofrecer un escenario favorable para el campo, aunque sus beneficios no se distribuyen de manera uniforme y deben analizarse de acuerdo con las características de cada región.
“En general, uno ve que la correlación es significativamente positiva cuando tenés un año Niño: mejor producción para Córdoba y te diría que para el país”, concluyó.
Para los productores, los próximos meses serán determinantes. Con noviembre y diciembre en el horizonte, el seguimiento de las lluvias y de su distribución territorial será clave para aprovechar las oportunidades que pueda ofrecer el clima y anticiparse a los posibles excesos.